miércoles, 2 de febrero de 2011

EL PRECEPTO DOMINICAL


Desde el tiempo de los Apóstoles los cristianos han sentido la necesidad de reunirse en asamblea cada domingo, para escuchar la palabra de Dios y nutrirse del alimento divino que da la vida eterna: La comunión.

La obligatoriedad de asistir a la Misa cada domingo, surge a partir del siglo VI, cuando algunos cristianos empezaron a descuidar esta sagrada costumbre. El Código de derecho canónico de la Iglesia expresa en el No. 1246:

“El domingo, en que se celebra el misterio pascual, por tradición apostólica, ha de observarse en toda la Iglesia como fiesta primordial de precepto. Igualmente, sigue señalando, deben observarse los días de Navidad, Epifanía, Ascensión, Corpus Christi, Santa María Madre de Dios, San José, y otras fiestas”.

Y en el No. 1247: “El domingo y las demás fiestas de precepto los fieles tienen la obligación de participar en la Misa: y se abstendrán además de aquellos trabajos y actividades que les impidan dar culto a Dios, gozar de la alegría propia del día del Señor, o disfrutar del debido descanso de la mente y del cuerpo”.

Sin embargo, cuado las circunstancias nos lo impiden, podemos quedar dispensados de cumplir con este precepto, pues Dios es comprensivo y, aunque nos exige, lo hace por nuestro bien, y nunca nos atosiga.

Cuando una persona por enfermedad, distancia invencible, viajes, y otros motivos especiales que por más que usted quiera no le es posible participar de la Misa en días de precepto, la persona queda dispensada sin necesidad de confesarlo como falta; en su lugar podrá seguir la Misa por la radio o la televisión, o buscar un tiempo para ponerse en la presencia de Dios y orar.

Por supuesto, no nos engañemos a nosotros mismos buscando razones falsas por pereza u otras razones no valederas. Nuestra propia conciencia cristiana nos lo dirá en cada ocasión.

El precepto es de participar en la misa entera, o sea, desde la entrada del sacerdote con el canto del coro hasta la bendición final. Quienes se descuidan y llegan tarde, sin una gran razón justificada, están faltando al precepto y perdiéndose las bendiciones de una parte muy importantes de la Eucaristía.






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